Ey, humano…
Sé que a veces piensas que no me doy cuenta,
que cuando lloras y no me acerco, es porque no me importa.
Pero yo te miro, SIEMPRE.
Solo que no sé cómo consolarte sin romper lo que estás sintiendo.
Y sé que a veces, lo que más necesitás,
no es un lamido ni un abrazo, sino que alguien no te apure a estar bien.
Yo no soy como tú.
Tú miras primero, yo salto.
Tú dudas, yo ya corrí.
Pero no creas que no te entiendo.
Tú y yo tenemos lo mismo adentro:
las ganas de que el mundo sea más amable,
el deseo de que alguien nos vea sin tener que hacer tanto ruido.
Y si, se te acercan cuando vamos caminando, no es solo por mí.
Es porque tú brillás distinto cuando estás conmigo.
Cuando me ves correr, reír con la lengua afuera,
te sueltas un poco también.
Y ahí, justo ahí, el mundo te ve.
No necesitás ser como yo.
Yo ya soy lo que te falta a ti.
Y tu eres lo que me calma.
Eso no es parecerse,
eso es elegirse.
Y yo, mi humano,
te elegí desde el primer día.
—Lú.










